Hoy se me antoja hacer comparaciones estúpidas.
Imaginemos un mundo donde los caballos descubren la existencia de los automóviles, y se van a estudiarlos para ver si representan una amenaza para su modo de vida. Descubren que en vez de piernas, tienen llantas atadas a motores a través de una secuencia de engranajes, descubren que esos engranajes necesitan lubricación, que no tienen ni vertebras ni músculos, tampoco pelo ni necesitan sillas para ser montados. Dependen de un liquido caro y difícil de conseguir llamado gasolina, en cambio el alimento de los caballos crece en todos los rincones de la tierra. Aquel aparato ruidoso y sucio no genera estiércol ni bebe agua. Muy tranquilos después de notar tantas diferencias, los caballos concluyen que los automóviles están muy lejos de remplazarlos pues ningún criterio siquiera se les acerca, y el asunto llega hasta ahí.
Pero en realidad los caballos nunca pensarían eso. Imaginemos ahora a los dueños de esos caballos revisando costos y oportunidades, vida útil, rendimiento, etc. Ellos tomarán decisiones a partir de criterios diferentes al de los los caballos. Mientras los caballos piensan en esencia los dueños piensan en utilidad. Mientras el caballo ve las ruedas de un automóvil y piensa “Nunca se parecerán a mis musculosas piernas” el dueño pensará si esa rueda tendrá una vida útil superior al de una herradura, o hace un cálculo sobre costo y beneficio frente a vida útil.
O aun peor; imaginemos que los caballos son conscientes de la utilidad, y entonces deciden dedicarse a aprender a manejar automóviles para poder mantenerse en el mundo humano. Van a academias de automovilismo, se dedican a aprender de motores y de velocidades, se estudian las reglas de transito, pero cuando se empapan de todo, cuando intentan operar la nueva maquinaria de transporte descubren que anatómicamente los automóviles no están diseñados para ellos. Ni siquiera sus traseros caben en el puesto del conductor. El espacio que existe ahí es el mismo que antes ocupaban los jinetes. Por mucho que sepan, por mas grande que sea su sabiduría y conocimiento, ya no hay espacio en esas máquinas para ellos.
Siendo honestos, los caballos sufrían siendo el único medio de transporte. Los seres humanos son amos crueles y muchos caballos deseaban hace siglos poder abandonarlos. Entonces podrían decir “Ya que no somos necesarios, podríamos volver a las praderas” pero al llegar ya no hay praderas, solo autopistas y carreteras, y automóviles cada día más rápidos. Muchos caballos mueren atropellados y poblaciones enteras desaparecen. Los caballos fueron expulsados del mundo humano, pero ahora, gracias a los automóviles, no hay ningún lugar afuera del mundo humano a dónde ir. Todo es asfalto y kilómetros y kilómetros de nada. No es posible huir del mundo de los jinetes porque ahora se llaman conductores y van cada día más rápido y más lejos. Mientras se borraron las fronteras de mundo de los jinetes, la patria de los caballos fue borrada del mapa.
Y siendo honesto, no estoy hablando de caballos.
Oscar M Corzo - 6 de Junio del 2026.

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